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En todo debate es inevitable que salga a colación el método científico como método de obtención de conocimiento. En frente, las afirmaciones extraordinarias de fenómenos paranormales, que suelen contradecir teorías establecidas y demostradas. ¿Por qué razón el conocimiento obtenido de una forma ha de ser más válido que otro? ¿Qué método es más correcto para obtener el conocimiento?. En esta sección intentaremos responder algunas de estas preguntas.
R: El método científico es un método diseñado para la obtención de conocimiento, y asegurarnos a la vez que éste tiene unos cimentos sólidos para poder entender la naturaleza y manipularla para mejorar nuestra calidad de vida.
Es un método que se ha desarrollado y refinado a lo largo del tiempo. Sus dos características principales son por un lado la lógica formal, que hace que a partir de unas premisas iniciales se deduzcan una serie de resultados libres de incoherencias y contradicciones, y el empirismo, que pone a prueba esos resultados con experimentos que en última instancia determinan la validez de las hipótesis asumidas.
Se puede dividir en varios pasos:
R: La ciencia es el conjunto de conocimientos que se han obtenido usando el método científico.
La pseudociencia en cambio, pretende hacer pasar hipótesis extraordinarias como si fueran conocimiento científicamente comprobado, pero cuando se analiza la forma en que se llega a las conclusiones, nos damos cuenta de que tan sólo es apariencia.
Qué es ciencia y qué pseudociencia lo decide el análisis crítico de cómo se ha obtenido el conocimiento. Si se ha seguido el método científico con rigurosidad, entonces se está haciendo ciencia.
Si en cambio se apela a la ciencia sólo para dar prestigio a las afirmaciones, si se tergiversan términos científicos perfectamente definidos para justificar hipótesis extraordinarias, y sobre todo, si la rigurosidad brilla por su ausencia en la experimentación o los razonamientos, entonces estamos ante un claro caso de pseudociencia.
R: Si queremos describir y entender la naturaleza, el primer paso es observarla y detectar fenómenos que ocurren sistemáticamente; es decir, siempre que se den las mismas condiciones, el fenómeno se producirá de forma objetiva.
Observar, detectar, medir y cuantificar cuales son estas condiciones, y en qué forma se produce el fenómeno es importante, porque permite definir cual va a ser nuestro objeto de estudio, y cuales son sus características principales.
Los supuestos fenómenos paranormales en cambio, están frecuentemente sujetos a interpretaciones subjetivas del observador, y la definición del objeto de estudio siempre se hace en negativo. Basta ver su definición más común en un diccionario de términos paranormales cualquiera
"Fenómeno Paranormal: son los fenómenos que no tienen explicaciones lógicas y objetivas, provocados por facultades desconocidas de la mente humana o por energías inteligentes"
Es decir, define lo que no es, pero seguimos sin saber lo que es: no tenemos objeto de estudio.
R: Porque no describe la naturaleza o características que posee, sino las que no tiene. Con esa definición, sólo puedes aspirar a demostrar que ese fenómeno no responde a teorías ya conocidas, pero sigues sin saber o intuir a cual obedece. Cuando consigas descartar absolutamente todas y cada una de las hipótesis conocidas, seguirás sin saber qué está ocurriendo.
En pocas palabras: a partir de definiciones negativas, no es posible obtener conocimientos nuevos.
R: Las erupciones volcánicas, los terremotos, las supernovas, los tornados o los huracanes, también son o fueron en su momento impredecibles, pero eso no ha sido obstáculo para poder determinar cuales son sus características principales, formular hipótesis, comprobarlas y así entender estos fenómenos.
R: Un testimonio raramente puede ser considerado como prueba de algo. Una persona hace interpretaciones subjetivas de lo que percibe y siempre intenta dar una explicación. Sin embargo, la falta de conocimientos, o de más datos puede hacer que no encontremos explicación, o que encontremos una equivocada.
Cuando estos fenómenos son además impactantes, por raros o inesperados, la sorpresa aumenta la incapacidad para conseguir identificar el fenómeno. El testimonio puede tardar cierto tiempo hasta llegar a los oídos de algún investigador. Sin embargo, la memoria del ser humano no es perfecta ni mucho menos, y el testigo puede describir la experiencia de forma sesgada, recalcando o exagerando aspectos que en su momento le parecieron más sorprendentes, y que en cierta forma, van encaminadas a describir la interpretación subjetiva que se le da. Dos testigos pueden ser capaces de describir una experiencia similar de forma parecida a grandes rasgos, pero sin embargo uno recalcará ciertos aspectos, mientras el otro hará más hincapié en otros, que pueden ser incluso contradictorios con el primero.
En resumen, hay mucha subjetividad en un testimonio para poder ser tenido en cuenta. No se niega que la persona fuera testigo de un suceso, sino que se pone en duda que su descripción sea fiel a los hechos, y la interpretación que le da.
Un ejemplo muy bueno se puede encontrar en el artículo Falsas memorias, falsas percepciones, donde se describe una prueba acerca de la memoria de unos estudiantes de periodismo. En un momento dado y por sorpresa, dos personas entran en la clase, intercambian unas palabras, pelean, y salen corriendo. Se pide a los estudiantes que describan el suceso, y al comparar los escritos, resulta haber grandes discrepancias respecto a las palabras que se dijeron, la descripción de las personas, o quién agredió a quién.
R: Observar un fenómeno no es poner los cinco sentidos en alerta para percibir todo lo que sucede. No nos podemos fiar de nuestros sentidos. Para una observación objetiva se requieren ciertas herramientas como la instrumentación y los análisis estadísticos, que permiten identificar variables que influyen en el fenómeno, y cuantificar, o al menos intuir, en qué forma éstas varían la forma en que se manifiesta. Así se determinan las propiedades de lo que va a ser nuestro objeto de estudio, y poder realizar una definición en positivo de él.
Otras veces en cambio, la definición de nuestro sistema a estudiar no proviene de una observación directa, sino que se deduce a partir de una teoría que ha sido puesta a prueba. Si esa teoría resulta ser válida, implica que tal o cual fenómeno, partícula o sistema debe existir, y que además tiene tal o cual propiedad. A partir de aquí se puede empezar a formular hipótesis y realizar experimentos para observar directamente tal existencia, comprobar que sus propiedades son las predichas, e investigar sus mecanismos de funcionamiento.
R: Una hipótesis es una idea, o conjunto de ideas, que intentan explicar un fenómeno, concretamente su causa y sus mecanismos fundamentales. Pero tener la idea no es suficiente. Hay que expresarla en términos claros e inequívocos, y que permitan deducir consecuencias, o hacer predicciones a partir de ellas.
Las matemáticas son la herramienta ideal, porque facilitan la deducción de resultados de una forma cuantitativa. De esta forma, el fenómeno es descrito por un conjunto de números. A la hora de realizar un experimento, se obtiene otro conjunto de números a comparar con los teóricos, y de esta forma se puede decidir de forma objetiva si la teoría es aceptable tal como está formulada, o si es errónea y hace falta modificarla.
R: En última instancia la validez de una teoría la determina su concordancia con un experimento que la ponga a prueba. Por tanto, una hipótesis de la que no se puedan hacer predicciones nunca será válida de partida, porque no existe forma de comprobarla experimentalmente.
Un hipótesis no puede ignorar como si no existiera el conocimiento obtenido anteriormente. Si dadas unas condiciones, una teoría comprobada da cierto resultado, una nueva hipótesis en las mismas condiciones debe ser capaz de producir el mismo resultado. Si el resultado es radicalmente distinto, indica que la teoría está mal formulada.
Por último, las hipótesis basadas en otras hipótesis no comprobadas tampoco son válidas. Para explicar un misterio, no podemos basarnos en otro misterio.
En el caso de las pseudociencias, las hipótesis tan sólo sugieren una causa para un fenómeno. Pero en ningún momento abordan la cuestión del mecanismo fundamental que lo rige. De esta forma, es imposible desarrollarla y predecir resultados, y consecuentemente, no se pueden comprobar. Hay veces que de estas hipótesis sí se pueden deducir algunas consecuencias indirectas, pero que caen en el segundo error: contradicen radicalmente hechos explicados con teorías contrastadas experimentalmente.
Y como no hay dos sin tres, es habitual que las hipótesis pseudocientíficas se apoyen en otras hipótesis sin demostrar, tales como la existencia del Mas Allá, energías o dimensiones desconocidas, la memoria del agua... Por estas razones, las hipótesis que se suelen manejar en pseudociencia no son válidas.
R: Es como se conoce un principio que debe regir siempre a la hora de formular hipótesis, el principio de economía de lógica formal, enunciado por Guillermo de Occam. Este principio establece que en un desarrollo lógico, las entidades no deben multiplicarse sin necesidad. De forma más coloquial, ante dos teorías que expliquen con igual grado de satisfacción un fenómeno, debemos escoger la más simple, la que menos suposiciones o entes contenga.
Esto quiere decir que siempre hay que partir de los supuestos más simples a la hora de formular hipótesis. Si el resultado no es satisfactorio, entonces podemos añadir más elementos, suposiciones o complicaciones. De igual forma, si a partir de una teoría, somos capaces de encontrar otra más simple y con menor número de suposiciones, y resulta satisfactoria, entonces debemos sustituir la anterior por la nueva.
Un ejemplo: el sistema solar de Ptolomeo era geocéntrico, y era capaz de describir las órbitas de los planetas. Sin embargo, Copérnico ideó un sistema solar heliocéntrico, con órbitas más simples y precisas que las descritas por Ptolomeo.
De igual manera, si hay fenómenos paranormales que pueden ser descritos a partir de teorías científicas contrastadas, la navaja de Occam nos dice que no es necesario complicarlas introduciendo causas nuevas, para obtener los mismos resultados.
R: Es un criterio sugerido por el filósofo Karl Popper (1902 - 1994) para elaborar hipótesis y verificar su validez. Se refiere la posibilidad de una teoría de ser desmentida por un experimento que contradiga (o false) alguna predicción deducida de ella.
Imagina que tenemos una multitud de experimentos que confirman nuestras hipótesis. De estas experiencias particulares, no se puede inducir que el siguiente experimento también será confirmatorio. No se puede generalizar a partir de casos particulares, por muchos que sean, que una teoría es cierta. En cambio, con un solo resultado falso, sí podemos afirmar que la teoría no es correcta.
De ahí surge el criterio de falsabilidad, que distingue la ciencia de la pseudociencia: en ciencia, las hipótesis deben ser falsables, deben de poder ser sometidas a una prueba que permita obtener un resultado falso. Si no se obtiene este resultado, entonces se puede defender su validez.
La pseudociencia tiene en cambio la curiosa propiedad que sea cual sea el resultado del experimento, siempre se considerará como una confirmación, gracias a la multitud de hipótesis ad hoc que se van introduciendo para explicar los resultados. La pseudociencia no es falsable.
Aunque se suele hablar de la validez de las teorías, lo correcto sin embargo es decir que una teoría no es falsa con las condiciones que se han supuesto.
R: Es una hipótesis que se incluye de forma adicional sólo para explicar un resultado concreto. Es, por así decirlo, un parche. Es un método legítimo si se realiza bien, pero del que no conviene abusar.
Si se añade una hipótesis ad hoc, también debe desarrollarse, ser coherente con el resto de la teoría y sometida a falsación. Pero si se incluyen demasiadas, entonces lo mejor es reformular la hipótesis desde el principio.
Usada de mala manera, sirve para explicar cualquier cosa, especialmente cuando los fenómenos paranormales no ocurren cuando debieran: si la datación por Carbono-14 de la sábana santa de Turín no fue el Siglo I, es por un proceso energético desconocido que contaminó la sábana. Si una predicción astrológica no acierta, es porque no se tuvo en cuenta el brillo aparente de las Pléyades.
Siempre hay una explicación, pero la hipótesis principal nunca es falsa.
R: Si una teoría que ha conseguido pasar múltiples pruebas de falsación, pero falla en unas condiciones concretas, significa que ése es su límite de validez. Para conseguir que no falle hace falta reformularla de forma que pueda explicar el experimento donde fallaba la anterior, y simultáneamente, seguir explicando los fenómenos que anteriormente ya estaban explicados.
De esta forma, la teoría anterior se convierte en un caso particular de la nueva teoría. Está contenida en ella, por lo que no se ha desechado, sino que se ha completado.
R: Eso supondría la infalibilidad de la teoría, porque implica que en cualquier situación imaginable es correcta. Aunque la experiencia diga que una teoría no falla, es imposible generalizar y asegurar que en el futuro nunca lo hará. En cambio, un solo experimento que false la teoría demuestra automáticamente que no es verdadera en esas condiciones.
Por la forma en que se desarrollan las hipótesis, ninguna teoría puede ser totalmente válida. Siempre se simplifican conceptos, que no tienen por qué ser los estrictamente correctos, pero que ayudan a realizar predicciones y diseñar experimentos. La Tierra no es esférica, pero esa suposición nos sirve para calcular su órbita alrededor del Sol. Aquí abajo podemos suponer que la Tierra es plana para medir distancias entre muchas ciudades. En cambio, no podemos asumir que la Tierra es esférica si estamos hablando de mantener satélites artificiales en órbita.
Estas aproximaciones son las causantes de que una teoría sea falsada. Ser conscientes de las condiciones en que esto ocurre nos ayuda a saber dónde está el límite de nuestro conocimiento, para poder superarlo y avanzar.
Aunque te suene paradójico, nada le hace más ilusión a un científico que encontrar fallos a una teoría.
R: No puede asegurar que lo que se encuentra es la verdad, pero sí podemos decidir si es falso. Eso nos quita medio problema. Si identificamos la parte falsa de una teoría, podemos corregirla. De esta forma, gradualmente nos acercamos a la verdad, aunque no la alcancemos.
R: Estrictamente, hay posibilidad de que existan. Sin embargo, todavía no se ha demostrado la existencia de ninguno. Más bien al contrario, ante supuestos fenómenos paranormales, se ha podido demostrar que los conocimientos actuales pueden explicar la gran mayoría de ellos perfectamente.
Por otro lado, el no saberlo todo no da licencia para inventar cualquier hipótesis. Hay muchas cosas que sí conocemos, e incluso sabemos hasta dónde llega actualmente nuestro conocimiento, que también es importante.
Si de pronto alguien surge con una hipótesis que contradice todos estos conocimientos, estamos legitimados a poner en seria duda su validez, porque nuestro conocimiento acumulado y no falsado en experimentos está ya de hecho falsando esa hipótesis extraordinaria.
Este ejercicio de duda es el que hacemos los escépticos. No negamos por negar, ni decimos que no a todo. Evaluamos las afirmaciones en función del conocimiento acumulado. Si se contradicen o no son coherentes, si la afirmación es extraordinaria, entonces estamos legitimados a pedir pruebas igualmente extraordinarias que avalen la afirmación y expliquen por qué no concuerdan con el conocimiento actual.
R: No. Para demostrar esa no - existencia, habría que demostrar que absolutamente todos y cada uno de los fenómenos de la naturaleza (¡incluidos los que aún desconocemos!) responden a una causa normal. Sin embargo, nunca podremos asegurar que hemos descubierto y explicado absolutamente todos, y alguno de los que podrían faltar, podría ser paranormal. El debate puede durar toda la eternidad.
Sí se puede afirmar en cambio que, por el momento, no se ha encontrado ninguna evidencia que indique la existencia de esos fenómenos, y, haciendo uso de la navaja de Occam, podemos seguir con nuestras vidas como si no existieran.
Si alguien demostrara la existencia de un fenómeno paranormal, aunque sólo fuera uno, el debate se acabaría en ese mismo momento. Por eso la carga de la prueba está en el lado de quien defiende la paranormalidad de los fenómenos.
R: El objetivo es poner a prueba una hipótesis, reproduciendo un fenómeno que se deduce de ella. Es necesario controlar todas las variables que influyen en el proceso, y la finalidad última es poder describir el experimento por un conjunto de números, que se tienen que comparar con los que se obtienen a partir de la hipótesis.
R: No hay una receta que sirva para cualquier caso. Sí que hay una serie de directrices que hay que seguir. Si no se hace así, lo único que se consigue es perder el tiempo haciendo pruebas al tuntún, de donde puede salir cualquier cosa, que no se puede comparar con la teoría.
Para empezar, hay que tener claro qué se quiere poner a prueba. El diseño y método de experimentación va a depender de este punto. No es lo mismo medir la eficacia de un medicamento, que el valor de aceleración de la gravedad, o la capacidad de una persona para adivinar cartas.
Otra cosa muy importante es conocer la instrumentación o técnicas de análisis que vas a necesitar. En concreto saber cual es la precisión y el ruido de tus aparatos es de vital importancia para que la medida sea buena. Tienes que saber manejar tablas de datos, saber representarlas en un gráfico, y conocer estadística para poder deducir de ellos los valores que te interesan conocer de tu experimento.
En un fenómeno pueden ser muchas la variables que determinan cómo sucede. Normalmente, se fijan todas las variables menos una, que se varía controladamente. Y a la vez se observa la propiedad que nos interesa medir del fenómeno. De esta forma, obtenemos una tabla de datos que muestra la dependencia del fenómeno con esa variable (temperatura, presión, concentración de un compuesto, longitud de onda de la luz...). De esa tabla, se obtiene una medida de una propiedad con su error, que se compara con la obtenida según la teoría.
R: Un solo dato nunca es representativo. Los aparatos de medida no son perfectos, sino que tienen una precisión limitada. Al medir una propiedad repetidamente, los valores se van a agrupar en torno a un valor medio, con una precisión o error determinado. Una sola medida produce un valor al azar que se reparte entre esos valores. Sólo tras un número elevado de medidas podemos determinar cual es el valor medio y el error estimado.
Si dejamos fijas todas las variables, y repetimos el mismo experimento, podremos obtener un valor medio de una propiedad, pero que no es representativa porque se ha medido en una sola condición determinada. En cambio, si dejamos variar controladamente una variable, obtenemos una estadística que contempla un rango de condiciones mayor.
Por ejemplo, si queremos medir la aceleración de la gravedad (g), podemos dejar caer un objeto desde una altura (h) y medir el tiempo que tarda en caer (t). Con una sencilla cuenta obtenida de la teoría (g=2h/t2), se obtiene un valor de g. Si repites este mismo experimento varias veces, sin variar h, podrás hallar un valor medio de g y su desviación, que es válido sólo para la altura h. No puedes generalizar y decir que 10 cm más arriba g también tendrá ese valor.
Si en cambio repites el experimento variando h cada vez, puedes representar los valores de t y h en una gráfica donde el eje horizontal sea t2, y el eje vertical h. Según la teoría, los puntos se colocan en la gráfica formando una recta (h=gt2/2). Si calculamos el valor de g necesario para pintar la recta que atraviesa esos puntos, aunque no parezca evidente a primera vista, estamos usando estadística para determinar su valor medio y su error. Si comparamos luego con la teoría, podemos entonces saber si es válida o no en todo el rango de alturas que hemos medido.
R: Quien estudia fenómenos paranormales, no se preocupa por las condiciones de experimentación, ni de la instrumentación, ni de los análisis de sus datos. Por un lado, no controla las variables, porque ni siquiera sabe cuales son. Una definición en negativo del fenómeno provoca estas cosas.
Por otro lado, para ellos investigar significa repetir una y otra vez el mismo experimento, sin modificación. En el caso de que se hallara algún resultado, sería sólo válido para la única condición que se tenía... que por otro lado se desconocía, o que incluso fuera distinta cada vez.
Además, el conocimiento de sus aparatos de medida es nulo. Pregúntale a algún experto en psicofonías qué espectro de ruido tiene su grabadora, y te mirará con cara rara. Igual pasa con los conocimientos de estadística. Pregunta a un experto en telepatía de azar por la Campana de Gauss, y te mirará igual.
Por no hablar del diseño del experimento. Le puedes preguntar a algún experto en teleplastias si se le ha ocurrido poner un climatizador en la casa donde salen las famosas caras. Quizás te responda "¿Para qué?" (¿Controlar la humedad ambiente, por ejemplo?). También puedes preguntar por la cantidad de agua que deposita una fregona en el suelo, o si saben medir cuanta se evapora, cuanta se absorbe para formar una mancha de humedad común y corriente, y cuanta se emplea para formar la teleplastia paranormalmente.
R: El 99% de las veces, la conclusión es:
"No se ha hallado la solución, hay que seguir investigando"
Aquí estamos de acuerdo los escépticos. Es lógico que no se llegue a ninguna conclusión, porque la experimentación es caótica, no se sabe qué se quiere medir, no hay control de variables, no hay conocimiento de la instrumentación y no se saben analizar datos. La conclusión lógica es que no se puede concluir nada.
Eso sí, esa incapacidad para concluir algo indica claramente que el fenómeno es paranormal, en ese abuso de hipótesis ad hoc para que la hipótesis de partida nunca sea falsa.
R: El resultado de un solo experimento no significa nada. Si un fenómeno existe, si hemos conseguido encontrar las variables de que depende, y hemos explicado teóricamente cómo afectan al fenómeno, entonces siempre que fijemos las mismas condiciones debemos conseguir el mismo resultado.
Si de un día para otro, bajo las mismas condiciones, no somos capaces de reproducir el mismo resultado, entonces, puede significar que hay un fallo en el diseño del experimento, que existen variables que no hemos identificado y no están controladas, o bien que nuestra hipótesis es totalmente errónea.
R: Para poder diseñar un experimento se necesita un objeto de estudio, definido en positivo, una hipótesis que señale su causa y su mecanismo fundamental, y una predicción a comprobar. Justo todo lo que no tienen las hipótesis de pseudociencia. Difícilmente sabrás qué controlar y medir en estas circunstancias.
A lo más que puedes aspirar es a intentar observar el fenómeno, e intentar establecer una correlación entre una causa y un efecto, a través de análisis estadísticos, o tests de doble ciego, por ejemplo.
R: Los experimentos de doble ciego son ideales para minimizar cualquier tipo de subjetividad. También para comprobar si existe un efecto real. Se usan mucho en medicina para comprobar la efectividad de medicamentos.
Para realizar el test, se seleccionan dos grupos. A uno de ellos, el grupo o muestra de control, se le suministra un placebo. Al otro se le suministra el medicamento a probar. El hecho de llamarlo doble ciego es porque ninguna persona del grupo sabe si lo que está tomando es el medicamento o no, y además, los investigadores tampoco saben a qué grupo se le está suministrando el medicamento.
En el grupo de control, puede haber pacientes que experimenten mejorías, debido al efecto placebo. En el otro grupo, también puede haber mejorías, que pueden ser por efecto placebo, o por la efectividad real del medicamento.
Cuando terminan las pruebas, se recopilan los datos, se analizan estadísticamente, y se compara si hay o no diferencias entre ambos grupos. Si el medicamento no es efectivo, entonces el número de pacientes que nota mejoría debe ser similar en ambos grupos. Si hay un efecto real, entonces el grupo al que se suministra el medicamento debe tener un número significativo mayor de casos de mejoría (o de empeoramiento, si el tratamiento resulta ser pernicioso)
R: Depende del tema, el método se puede adaptar de una forma u otra. La cuestión es conseguir tener muestras de control donde no ocurra nada, y muestras de interés donde se manifieste el fenómeno, pero sin que el experimentador sepa cuál es cuál.
En el caso de la homeopatía, el procedimiento es igual que con cualquier medicina. Para otros casos, puedes leer el artículo Control group study, en el The Skeptic's Dictionary para hacerte una idea de cómo adaptarlo a algún otro caso.
Por ejemplo, en el análisis por Carbono-14 de la sábana santa, tres laboratorios tenían que analizar cada uno tres muestras iguales. Una era un trozo de la sábana, y las otras dos, muestras de control, cuyas antigüedades se conocían. Pero los investigadores no sabían cual era cual, ni tampoco las antigüedades de las muestras de control.
R: No. Estos experimentos y análisis lo más que pueden llevar es a establecer una correlación entre un efecto y una causa. A partir de aquí es donde hay que echarle imaginación, y formular hipótesis que establezcan cuál es el mecanismo fundamental que la relacione causa y efecto. Sólo cuando entendamos este mecanismo fundamental podremos decir que el fenómeno está explicado.
En el caso de los medicamentos, cuya prueba de fuego pasa por experimentos doble ciego para comprobar su eficacia, hay que añadir que antes de llegar a eso, se ha entendido y explicado cuál es su principio activo. Lo que los diferencia de la homeopatía, donde se asume ad hoc una memoria del agua cuyo mecanismo no se explica en ningún momento, y se pasa directamente a la fabricación de un supuesto medicamento.
R: Si tenemos una teoría que explica y reproduce un fenómeno en un laboratorio, tal y como se describe cuando se produce paranormalmente, y cuando se dan las mismas condiciones, la pregunta es: ¿hace falta complicar la teoría con suposiciones imposibles de demostrar para explicar exactamente lo mismo, o usamos la navaja de Occam?
R: La importancia de publicar es porque se da a conocer a la comunidad científica el resultado de una investigación. Si el investigador se guardara el descubrimiento para él, no se avanzaría en el conocimiento. De esta forma, todos tienen acceso a nuevo conocimiento, y pueden intentar reproducirlo o refutarlo con otros experimentos o desarrollos de la misma teoría.
También porque es conocimiento que queda escrito, y en un futuro alguien que se tropiece con un problema similar no tendrá que volver a deducir la hipótesis desde cero, sino que ya tiene un punto de partida.
R: El lugar de publicación son revistas científicas especializadas, cada una en un área muy concreta. Existen multitud de revistas de física, química, matemáticas, psicología, medicina, biología, etc ...
Publicar en estas revistas no es sencillo, porque cada una tiene sus propios criterios de contenidos y de relevancia de la comunicación. Su principal característica es el peer review, la revisión por pares a través de referees. Estos son otros investigadores, desconocidos por quien pretende publicar, que conocen en cierta medida el tema de la investigación. Se leen y analizan la publicación para comprobar que cumple los criterios de contenidos de la revista, y sobre todo, de rigurosidad científica, tanto en hipótesis como en experimentación. Tras la revisión, remiten al investigador las correcciones que consideran necesarias para poder ser publicado, o su rechazo argumentado a la publicación.
R: En un artículo deben figurar unos mínimos. En primer lugar, el artículo debe situar en su contexto la investigación que se ha llevado a cabo: Antecedentes, interés del tema, y líneas de investigación actuales.
En segundo lugar, se debe hacer una exposición del motivo de la investigación que se comunica: qué se va a desarrollar y por qué.
Tras esto, se comienza con el desarrollo de la investigación. Si es teórica, se desarrollan los conceptos, de forma clara y precisa. Si es experimental, se tiene que exponer cual es el montaje experimental, y desarrollar la teoría relacionada con el experimento, y con el análisis posterior de los datos.
Si el trabajo es teórico, se deben analizar las consecuencias del desarrollo, analizar los límites donde la nueva teoría coincide con la antigua, y comparando con resultados experimentales anteriores que han llevado a la nueva teoría, si los hay.
Si es experimental, se debe mostrar cual ha sido el análisis de los datos y la comparación del resultado con lo predicho por la teoría.
Por último, se exponen las conclusiones del trabajo. Si la teoría es mejor que la anterior, si el experimento refuta o confirma lo esperado por la teoría, si es un fenómeno nuevo que hay que investigar, etc.
En todo artículo, es importante citar referencias o fuentes de donde se asumen hipótesis o resultados. Intentar explicar en un artículo absolutamente todo es imposible, además de innecesario. Además, dependiendo de la revista, el espacio puede estar limitado a un cierto número de páginas.
En vez de volver a explicar una teoría y gastar espacio, es mejor indicar el artículo donde se puede encontrar el desarrollo, el montaje experimental, o por qué se asumen ciertas aproximaciones. Si alguien ya explicó por qué hizo lo que hizo, y queremos asumir la misma hipótesis, basta con referenciarlo. Eso sí, estamos expuestos a que esa hipótesis haya sido demostrada falsa.
Citando referencias, una persona que quiera indagar más en la teoría, sabe dónde puede encontrar más referencias anteriores, y así llegar hasta el primer artículo donde se propuso por primera vez la teoría.
R: Las revistas científicas están pensadas para un grupo concreto de personas. Y ni siquiera todos los artículos de la misma revista interesan a la misma persona, ni los tiene por qué entender. Porque se exponen una serie de conocimientos que son muy específicos y técnicos, para entender un aspecto muy concreto de un tema, con toda la rigurosidad que se pueda. El avance del conocimiento depende de ello.
La divulgación en cambio, está pensada para poder acercar a personas que no tienen por qué tener la formación específica necesaria los conocimientos ya obtenidos. Se intenta trasladar de la forma más sencilla posible, aspectos que pueden ser muy complejos, a cambio de perder rigurosidad. Así, es posible obtener un conocimiento a grandes rasgos de la naturaleza, una cultura general científica, pero limitada e insuficiente para una investigación seria.
Algunos investigadores pseudocientíficos parten de libros o revistas de divulgación para investigar sus temas. La falta de rigurosidad, junto con las ganas de creer, hacen que se extrapolen conocimientos o significados de términos de manera incorrecta, para que expliquen lo que interese en cada momento.
De esta forma, la mecánica cuántica, la relatividad, los campos electromagnéticos, la energía, las vibraciones o las ondas son capaces de explicar cualquier cosa.
R: Hay revistas científicas que sí han publicado artículos que se relacionan con temas pseudocientíficos. Muy pocos, eso sí. La diferencia está en que los autores en ningún momento dan saltos al vacío, afirmando cosas que puedan romper el razonamiento lógico.
Está por ejemplo el artículo "The double superficiality of the frontal image of the Turin Shroud", en el Journal of Optics A: Pure and Applied Optics, Vol. 6, Pags 491-503, de Junio de 2004, donde se explica cómo se ha usado un algoritmo informático para detectar la imagen de la cara en la parte posterior de la sábana. Pero de ahí no se afirma apresuradamente, porque no se puede deducir, que la sabana sea auténtica.
Otro ejemplo es el artículo "Histamine dilutions modulate basophil activation", en Inflammation Research, Vol. 53, Pags 181-188, de 2004, donde la autora encuentra evidencias que parecen sugerir una memoria del agua. Sin embargo en sus conclusiones que se pueden leer en el resumen inicial dice:
"No nos es posible explicar nuestros descubrimientos, y los comunicamos para animar a otros a investigar este fenómeno".
Es decir, no se tira a la piscina afirmando la validez de la homeopatía, porque sería romper una cadena lógica de razonamiento, sino que pide ayuda para entender lo que pasa. Puede ser desde un fenómeno real, hasta un fallo de experimentación, lo cual sería interesante saber para no volver a cometer el error.
R: Esos libros y revistas no pasan por el filtro de los referees, ni hay personas independientes que los analicen y comprueben si los razonamientos y metodología son correctos en todo momento. El escritor puede escribir lo que le venga en gana, nadie se lo va a corregir.
Además, son libros y revistas pensadas para tener difusión entre cualquier tipo de gente, por lo que no son especializadas, y por tanto el rigor científico exigible se pierde totalmente, quedándose en sólo divulgación.
R: Si por algo se caracteriza la ciencia es por la continua evolución de sus teorías. Los dogmas en cambio son inmutables. Revisa cualquier pseudociencia y verás que no ha evolucionado desde que surgió por primera vez. La homeopatía, las psicofonías, ouija, clarividencia, el triángulo de las Bermudas, los poltergeist, la astrología, las naves extraterrestres... son siempre las mismas historias y las mismas afirmaciones extraordinarias, que no han variado a pesar de no haber obtenido ninguna prueba igualmente extraordinaria de su validez.
En cambio, en ciencia ha habido ya más de una revolución que ha cambiado las estructuras del pensamiento para interpretar el mundo en que vivimos.
R: Es una afirmación bastante extendida, pero sin embargo, nadie es capaz de responder a preguntas como:
- ¿Cuál es ese método?
- ¿Cómo funciona?
- ¿Cómo estas seguro que el conocimiento que se obtiene es verdadero y sólido?
Desde luego, no esperes que te las responda un científico.
El método científico se ha desarrollado a través de los siglos (y de hecho sigue desarrollándose), desde que el hombre empezó a preguntarse por la naturaleza. Tenemos un gran número de teorías y fenómenos explicados que avalan su validez. Son una multitud de casos particulares, de los que no se puede dar el salto a generalizar que es el método perfecto. Pero de momento, es lo mejor que tenemos.
La mejor prueba de ello son los logros científicos y tecnológicos actuales, como el ordenador que estás usando en este momento, desarrollado a partir de los conocimientos obtenidos científicamente.
En cambio, ¿Qué conocimientos se han obtenido con los métodos pseudocientíficos? ¿Se ha llegado a desarrollar alguna utilidad a partir de ellos?
R: La ciencia no es una persona, ni es patrimonio de un grupo selecto de personas. Hace ciencia quien usa el método científico para investigar, cualquiera que sea el fenómeno. El que los fenómenos paranormales sean investigados científicamente no depende de los científicos, sino de las personas que los investigan. No le pidas a los científicos que estudien esos temas. Pídeselo a quienes te aseguran que existen los fenómenos paranormales.
R: La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. La existencia o no de estos fenómenos es independiente de quien lo estudie, y por muy reputado y Nobelizado que sea el investigador, no le exime de equivocarse.
De hecho, puedes preguntarte ¿Y qué han descubierto estos reputados científicos respecto a fenómenos paranormales? Porque si revisas la información disponible del tema que sea, observarás que es la misma desde que surgió por primera vez. No ha habido avance, con o sin científico reputado investigando.
R: ... y no sólo a él. También a Ramón y Cajal, a Einstein, y a un montón de científicos más que llegaron a conseguir el premio Nobel. Aunque hay diferencias.
Galileo llegó con un telescopio bajo el brazo para que pudieran ver sus pruebas; pero sin siquiera verlas, le dijeron "no" quienes tenían una idea preconcebida del mundo, que creían firmemente en unos dogmas, y que en la actualidad ante los hechos científicos como la evolución, exponen argumentaciones ad hoc como el creacionismo para que su verdad revelada nunca sea falsa.
A los científicos actuales en cambio, se les dice "no" cuando sus teorías no son consistentes, y/o requieren pruebas que las avalen. Mira por ejemplo, el recopilatorio de premios Nobel cuyos trabajos se rechazaron en su primer intento de publicación. Por ejemplo, en el caso del químico Arrhenius, de su trabajo inicial se dijo en 1903:
"(...) ideas tan contrarias a las actuales no pudieron ser aceptadas inmediatamente (...) un elevado número de nuevos experimentos fueron necesarios antes de que la nueva teoría fuera aceptada"
Los trabajos científicos se ponen en cuarentena por falta de pruebas experimentales, o pasan desapercibidos porque en su momento no se intuye la importancia que más tarde se averigua que tienen. Pero si son correctos, y son confirmados experimentalmente, al final ven la luz.
Como ves, el escepticismo no se usa sólo para refutar la pseudociencia, sino que se emplea también en ciencia, porque es parte de ella. Al dudar de las afirmaciones extraordinarias, estamos comprobando la solidez de los argumentos y sus pruebas.
Por supuesto, las teorías de Galileo, Arrhenius, Ramón y Cajal y tantos otros al final fueron aceptadas, dada la cantidad de experimentos que las confirmaban. En cambio, con las pseudociencias, todavía estamos esperando el primer experimento riguroso que indique la existencia de fenómenos paranormales.
R: Que un caso no haya sido explicado, no significa que sea inexplicable. Que no sepamos su explicación, no implica que no la tenga.
Es cierto que hay casos a los que no se ha podido dar explicación. Pero hay que tener en cuenta la información de que se dispone. En muchos casos, sobre todo en los que sólo se tienen testimonios de personas, subjetivos y sesgados, no hay datos con los que contrastar el testimonio, y por tanto, no se puede hacer mucho.
Pero el no poder dar una explicación, lo único que implica es que no sabemos qué ha pasado. Ni más, ni menos.
R: Para analizar si se ha seguido el método científico en una investigación no hace falta ir a ningún lado. Basta que los investigadores publiquen de forma precisa sus hipótesis, predicciones, experimentos, resultados y conclusiones. Y desde un cómodo sillón yo puedo leer el artículo y analizar si hay una lógica y coherencia en todo el proceso. Si no la hay, la investigación queda anulada por falta de rigor.
Si, como de costumbre en temas pseudocientíficos, lo único que se hace es exponer un suceso inexplicado, lo más inmediato es repasar el conocimiento actual que se pueda relacionar con el tema, para ver si hay algo que pueda explicarlo. Y así ocurre en la mayor parte de las veces, que tarde o temprano se encuentra una explicación científica.
La ventaja poseer conocimiento acumulado, y de saber hasta donde llega su validez, es que no me hace falta volver a probar experimentalmente esas teorías, sino que puedo desarrollarlas en las condiciones en que se dio el fenómeno y comprobar si la teoría lo predice. Y sin moverme de mi sillón.
Falsas memorias, falsas percepciones, sobre cómo
nos traiciona la memoria y las percepciones ante sucesos que nos
pillan por sorpresa.
Biografía de Occam
Occam y su navaja. La belleza de su sencillez
Biografía de Karl Popper (en inglés)
Extracto del cap. 12 de Proceso a Darwin, acerca de cómo distinguir ciencia y pseudociencia con el criterio de falsabilidad.
El método pseudocientífico, sobre cómo no se debe investigar y experimentar.
Control group study, artículo sobre estudios de doble ciego (en inglés)
Cómo escribir y publicar un artículo científico
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