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Las siglas OVNI responden a Objeto Volante No Identificado. Cualquier cosa que podamos ver en el cielo y que no sepamos identificar será un OVNI. Un pájaro en la lejanía, una bolsa que vuela caprichosamente según la lleva el viento, nubes, estrellas y planetas son cosas que en un momento dado podemos no identificar. En ese caso, diríamos que se trata de OVNIs. Pero de ahí, a concluir que son extraterrestres, hay un gran salto. Significa única y exclusivamente, que no ha sido posible identificar un objeto o fenómeno ocurrido en el cielo. Los ufólogos siempre han identificado esta palabra con nave extraterrestre, pero eso no es posible, porque entonces, por definición, dejaría de ser un OVNI.
La creencia de que estos fenómenos son platillos volantes extraterrestres que nos visitan está actualmente de capa caída, por lo que se ha pasado a una falsa ambigüedad de denominarlos fenómenos OVNI, intentando abrir un abanico de posibilidades sin explicitar esa interpretación, pero que sigue implícita cuando se difunde el supuesto misterio.
Tradicionalmente los fenómenos OVNI han sido luces u objetos extraños que realizan maniobras en principio imposibles para un aparato humano. Sin embargo, en el mismo saco se han ido metiendo otros supuestos misterios como los contactos, aterrizajes, círculos en campos de cereales, arqueología, mitología, conspiraciones mundiales o abducciones.
Las explicaciones a estos fenómenos son siempre de lo más mundanas: fenómenos meteorológicos, confusión con planetas o estrellas, aviones, reentradas de chatarra espacial, bólidos, o simplemente, fraudes. Sólo hay un pequeño porcentaje de casos no explicados, debido a que no hay datos suficientes. Pero eso no significa que sean platillos volantes, sino que no sabemos que pasó.
La forma de plantear la pregunta ya está sesgada. Asumes que no creemos en ellos, cuando lo único que sucede es que decimos que no tenemos pruebas sólidas que nos permitan afirmar que se trata de extraterrestres, eso es todo. Pero nunca hemos dicho que no creamos que haya vida en otros planetas. Probabilísticamente hablando, es perfectamente posible, y negarlo sin más es un error. No negamos que existan, sólo decimos que no aceptamos las débiles pruebas que se nos muestran: fotografías de mala calidad cuando no fraudulentas, testimonios dudosos y una gran cantidad de historias inventadas que se han hecho pasar por verdaderas.
El avistamiento de Kenneth Arnold el 24 de Junio de 1947 se considera el primero de la era modera de OVNIs. Este hombre iba pilotando su avioneta, cuando entre las nubes, vio unos reflejos u objetos cuyo movimiento describió como platillos lanzados contra el agua, dando saltos (lo que llamamos "hacer ranas"), lo cual fue interpretador por un periódico como "platillos volantes". De este insignificante suceso, de un único testimonio aislado, sin haber siquiera comprobado la naturaleza de esos platillos volantes, parte la ufología moderna.
Está sustentada en un caso que, comparado con los que se difunden hoy en día, hubiera sido poco llamativo, o hubiera pasado desapercibido.
Aunque antes del 24 de junio de 1947 se habían producido algunos casos de observaciones extrañas asociadas posteriormente a los platillos volantes, es este día cuando un piloto privado de avionetas llamado Kenneth Arnold observó nueve extraños aparatos volando en formación cerca del monte Rainer, en estado de Washington, al noroeste de los EE.UU. Había despegado a las 14:00 horas de Chehalis hacia Yakima (localidades del citado estado), para buscar un avión de transporte de la Marina accidentado en la zona. Poco antes de las 15:00 horas vio un resplandor a su izquierda, al norte del citado monte, que delató la presencia de una hilera de nueve objetos parecidos a aviones volando de norte a sur, a unos 9.500 pies de altura, que parecían saltar entrado y saliendo de la formación, al tiempo que reflejaban la luz solar como un espejo. Estaban en la misma parte del cielo en la que había visto el resplandor, y calculó que volaban a más de 2.600 km/h. Carecían de cola y la parte trasera formaba un ángulo convexo; tenían unos 50 pies de envergadura. Curiosamente, Arnold no mencionó en ningún momento que lo observado fueran platillos volantes, sólo que los objetos se movían como platos lanzados contra el agua, dando saltos.
El escéptico norteamericano Martin Kottmeyer puso de manifiesto lo que el propio Arnold había recordado en un congreso ufológico en 1977: que él no se refirió en ningún momento a "platillos volantes" en sus declaraciones, y que fue un periodista llamado Bill Bequette el que confundió la manera de desplazarse de los objetos divisados por Arnold con la forma de éstos, que no era la de, a partir de entonces, clásica "aeronave interplanetaria lenticular". ¿Por qué los extraterrestres se adaptaron al error de un periodista y rediseñaron sus naves?, se preguntó irónicamente Kottmeyer.
Aunque el caso no es nada impresionante (testigo único, observación lejana) la historia lo ha investido de un significado especial, lo que inevitablemente ha obligado a todos los escépticos a buscar una explicación para el mismo: aviones (Hynek, Van Kampen), prototipos secretos (Petit, Vesco), luces tectónicas (Devereux), globos (Martin Gardner), alucinaciones (Billing), nubes de montaña (Menzel), bólido fragmentado (Klass), espejismos (Stewart Campbell), bandada de cisnes (Kottmeyer), etc. De hecho, en una entrevista concedida por Arnold a la emisora KWRC el 26 de junio de 1947 éste indicó que "... me encontraba aproximadamente a 25 ó 28 millas del monte Rainer, subí hasta 9.600 pies y percibí a mi izquierda una cola que me pareció similar a la de un cometa que ondulaba e iba a velocidad increíble hacia el monte Rainer. En principio pensé que se trataba de patos salvajes porque volaba como patos, pero iban tan rápido que... rápidamente cambié de idea y pensé que se trataba del vuelo de un nuevo tipo de reactores en formación". En otra ocasión declaró que le parecieron aviones a reacción con la cola pintada en verde o marrón, y que parecían oscilar sobre las cumbres de los montes. Aquí Arnold se refiere a lo que luego fueron las dos explicaciones más verosímiles de su observación, la de naturaleza aeronáutica y la ornitológica.
La descripción aportada por Arnold de los objetos divisados coincide con ciertos prototipos aeronáuticos alemanes de la Segunda Guerra Mundial, las alas volantes Horten Ho.IX (Gotha Go.229) [ver prototipo], que el ejército americano habría descubierto en una cadena de montaje tres o cuatro semanas antes de acabar la misma ("24 de junio de 1947: los 9 discos de Arnold", Antonio Petit, Cuadernos de Ufología, 19-20, 1995, pp. 20-57). Arnold podría haber observado un vuelo secreto de estas alas volantes mientras eran probadas por el Ejército de su país.
En los últimos años fue el investigador británico James Easton quien reavivó la explicación ornitológica del caso Arnold, al proponer que lo observado fue una bandada de pelícanos blancos americanos. En el curso de sus investigaciones, Easton contactó con grupos de observación ornitológica norteamericanos, que abogaron por la plausibilidad de la explicación. Los ufólogos creyentes respondieron airadamente, y acuñaron el término irónico "pelicanistas" para referirse a las explicaciones escépticas, detalle que los escépticos británicos de Magonia aceptaron de buen grado, al conceder un espacio de su revista a un ejemplar de esta ave acuática (El pelícano escribe). Por su parte, Kottmeyer reconoció que las características del vuelo de los pelícanos blancos americanos encajan mejor en lo relatado por Arnold que los cisnes sugeridos en su momento por el primero.
Sí, antes de Arnold, mucha gente en otros lugares y en otras fechas o épocas, había podido ver fenómenos que no habían podido identificar. Pero a nadie se le ocurrió pensar que era una nave extraterrestre o platillo volante. Es a partir del caso de Arnold cuando se empezaron a interpretar casos antiguos como platillos volantes.
Se habla de oleada cuando hay una gran difusión de casos OVNI en un período reducido de tiempo. La principal razón de que haya oleadas, es la difusión en medios de comunicación de casos OVNI. La gente se predispone, está más alerta ante estas noticias y acaban viendo OVNIs por todas partes.
El Proyecto IVAN (parte I y parte II), fue diseñado en parte para estudiar como ocurría el fenómeno de la oleada. Te recomendamos su lectura.
No lo sabemos. El consenso científico actual es que quizá exista vida sencilla, de tipo bacteriano, y que incluso ésta pueda llegar a ser abundante en los sistemas planetarios aptos para albergarla. De la misma forma que no hay ninguna necesidad de que haya vida tampoco la hay de que no exista. Si las leyes biológicas son universales (y no hay motivo para pensar lo contrario), de la misma forma que las leyes físicas y químicas son las mismas en todo el universo, es factible que esa vida se haya desarrollado. Pero de ahí no debemos deducir que necesariamente haya alcanzado un estadio de desarrollo siquiera semejante al de la Tierra. En nuestro planeta el modo de vida más abundante es el de los procariotas, es decir, seres microscópicos muy sencillos formados por células primitivas que carecen de núcleo en el que almacenar su material genético, como las arqueobacterias y las bacterias. Quizá la vida en nuestra galaxia, si existe, sea sólo de este tipo.
Hacer una lista exahustiva de posibles confusiones es imposible. Además de que más de la mitad de ellas te parecerán inverosímiles. Pero te podemos listar las más comunes.
Los fenómenos atmosféricos y meteorológicos son bastante frecuentes: reflexiones, espejismos, nubes, auroras boreales...
Los meteorólogos emplean sondas, globos rellenos de helio que según ascienden por la atmósfera van registrando la presión, temperatura y velocidad del viento. Pueden alcanzar una altura de hasta 30 Km. Si has leido algunos libros de ufología, te habrás encontrado con el típico caso de un caza en pleno día que intenta interceptar un objeto brillante, pero que vuela lentamente muy por encima de la cota máxima del caza. Bueno, se corresponde exactamente con lo que se espera de un globo sonda, dado que además suelen estar recubiertos con un material reflejante.
Es posible ver satélites artificiales desde tierra, sin ayuda de primáticos. Con la gran cantidad de ellos que hay orbitando, sólo hay que tumbarse en una noche despejada y esperar hasta que aparezca un punto tenue de luz, a gran velocidad, que intensifica su brillo, y luego se apaga. La duración puede estar entre 30 segundos y un minuto. El brillo es debido al reflejo del Sol en sus paneles solares, y el brillo que percibimos depende de la orientación de éstos respecto a nosotros.
Más espectaculares son los bólidos o las reentradas de chatarra espacial, que al calentarse por rozamiento con la atmósfera producen un gran brillo, e incluso llegan a fragmentarse y explotar. Afortunadamente, este tipo de avistamientos suelen ser masivos, porque el bólido recorre una larga distancia a una gran altura. Esto permite reconstruir su trayectoria y estudiar su procedencia.
En cuanto a las que más increibles te van a parecer, están las confusiones con planetas, estrellas e incluso la Luna.
Añade a la lista fenómenos de percepción: ponte boca arriba observando fíjamente un sector del cielo, y por el rabillo del ojo a menudo tendrás la sensación de que alguna estrella se ha movido.
No, no es ridículo. Piensa que mucha gente de la sociedad actual apenas se para a mirar el cielo, a lo que colabora la contaminación lumínica y atmosférica, que impide por su parte poder contemplar bien el cielo. No saben cómo es, cuáles de los puntos brillantes son estrellas, cuáles son planetas, cuáles son las constelaciones, la estrella polar o, incluso, los satélites puestos en órbita por el hombre. El panorama es propicio para confundir cualquier brillo y/o movimiento "extraño" en el cielo con un OVNI. Fíjate que curioso, que gente que habitualmente observa el cielo como los astrónomos profesionales y aficionados, no son testigos de fenómenos OVNI.
Planetas como Venus, Júpiter o Marte pueden ser tan luminosos, que en un atardecer o noche claras puede llegar a sorprender su brillo. Añade el hecho de que en una noche cerrada, o a mucha altura en un avión, sin tener referencias es imposible calcular distancias o tamaños, y los sentidos pueden engañarnos, haciendonos ver que un planeta o la Luna nos está siguiendo, por ejemplo.
Veámoslo con más detalle:
Las explicaciones astronómicas son las más frecuentes y sencillas de lograr en la inmensa mayoría de los relatos sobre ovnis divulgados por los medios de comunicación. Basta consultar las efemérides astronómicas o un programa informático de representaciones celestes para comprobar que Venus se hallaba justo donde el testigo aseguró que se encontraba la "misteriosa luz". Esto es una especie de tabú para la ufología platillista y los periodistas del misterio en general, que no pueden aceptar que buena parte de sus historias no escondan nada extraño, más que una simple confusión planetaria por parte de testigos impresionables.
Como es sabido, Venus es el segundo planeta de nuestro sistema solar y en el curso de su movimiento de traslación alrededor del Sol muestra desde la Tierra un periodo de máximo brillo que puede convertirlo en un potente foco nocturno. Y no sólo ha sido el protagonista en observaciones lejanas; también en el denominado 'fenómeno aterrizaje' (supuestos fenómenos u objetos observados en un radio de 150 metros del testigo y a escasa altura sobre el terreno) se han hallado explicaciones de tipo astronómico que encajan en los hechos relatados. En la Enciclopedia de los encuentros cercanos con ovnis, de V. J. Ballester Olmos y J. A. Fernández Peris (Plaza y Janés, 1987), el número de casos resueltos con causas astronómicas asciende a 14, el 3,9 %, lo cual es altamente significativo a la par que sorprendente, si tenemos en cuenta la convención ufológica citada en cuanto a la distancia y la altura del fenómeno descrito. Al margen de la desaparición en la literatura ufológica en la última década de estos "encuentros cercanos", lo que hace sospechar que se trata de otro fenómeno influido por modas y la publicidad sensacionalista, el dato supone un severo varapalo (otro más) al mito de la credibilidad testimonial de quien asegura haber visto un fenómeno extraño. Véase al respecto: http://members.aol.com/TPrinty/eyewit.html, que contiene, además, un buen número de sucesos con Venus como protagonista.
Uno de los más famosos casos tuvo como protagonista al que luego sería presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter. A la salida de una reunión del partido demócrata en Geogia, en 1969, observo un ovni. La prensa nacional recogió la observación del entonces gobernador. Algunos años después, Robert Sheaffer investigó el caso. Averiguó que la fecha era errónea, y que la correcta, así como la hora, hacía que la visión de Carter coincidiera perfectamente con el planeta Venus. Sheaffer envió estos importantes detalles al New York Times -que había publicado la noticia del ovni inicialmente- pero sólo le destinaron un pequeño espacio en páginas interiores. El misterio resuelto no era una noticia del mismo calibre que una información incompleta y errónea en primera página.
Vale la pena recordar la anécdota de una carta de Robert Oppenheimer a Eleanor Roosevelt, reproducida en The Making of the Atomic Bomb, de Richard Rhodes, y citada a su vez en Eurekas y Euforias, de Walter Gratzer:
"Muy poco antes del ensayo de la primera bomba atómica, la gente en Los Álamos estaba naturalmente en un estado de tensión. Recuerdo una mañana en que casi todos los miembros del proyecto estaban al aire libre observando un objeto brillante en el cielo a través de vidrios, binoculares y cualquier otra cosa que pudieran encontrar, y el cercano Kirtland Field nos informó que ellos no tenían interceptores que les hubieran permitido entrar en el radio de acción del objeto. Nuestro director de personal era astrónomo y un hombre de cierta sabiduría humana y, finalmente, vino a mi despacho y preguntó si no deberíamos dejar de intentar derribar a Venus. Cuento esta historia sólo para poner de manifiesto que ni siquiera un grupo de científicos está a salvo de los errores de la sugestión y la histeria".
El analista crítico Manuel Borraz resume la implicación de Venus en algunos episodios ufológicos con Venus como responsable involuntario en los que los testigos fueron pilotos de aeronaves civiles, lo que puede ayudar a entender cualquiera de estas interpretaciones erróneas de estímulos celestes ("Venus, tráfico no identificado". En Cuadernos de Ufología, 18, 2ª época, 1995. Véase también "Fenómenos astronómicos". En Diccionario Temático de Ufología, Fundación Anomalía, 1997). Se nos recuerda que en la percepción de un estímulo luminoso astronómico (no sólo Venus, también Júpiter, estrellas como Sirio y nuestro propio satélite) pueden influir varios factores que distorsionan su apariencia, como la refracción atmosférica, responsable del cambio aparente de forma y color del Sol en el ocaso o el centelleo de las estrellas. Asimismo, puede provocar efectos de movimiento aparente, cambios de color y en la intensidad luminosa. La dispersión atmosférica es la responsable del color azul del cielo y de la tonalidad anaranjada y rojiza que adquieren el Sol y los planetas cerca del horizonte. Ambos efectos visuales contribuyen a la distorsión de una fuente luminosa celeste. Borraz no se detiene en los aspectos físicos de la observación visual, sino que enumera algunos de los factores psicológicos y tecnológicos que pueden alterar hasta hacer irreconocible una luz natural en el cielo.
A menudo se ha pretendido hacer pasar el testimonio de los pilotos de aeronaves como casi infalible. "Testigos de elite" se los denominó pretenciosamente. En numerosas ocasiones, como se ha dicho, los pilotos de aeronaves, civiles y militares, han confundido estímulos luminosos astronómicos con extrañas luces de origen desconocido. ¿Cómo es posible que profesionales altamente cualificados puedan ser engañados por un estímulo visual tan trivial como el más luminoso lucero de la mañana y de la tarde? Borraz hace la pregunta clave:
"Cuando en un avistamiento desde el aire puede establecerse que Venus era visible y se encontraba en la posición en que fue observado el ovni luminoso, o muy cerca de la posición aproximada indicada por los testigos, la pregunta obligada es por qué no mencionaron éstos ningún otro objeto brillante en las proximidades del ovni, máxime si se dieron condiciones de buena visibilidad. La respuesta más simple y razonable -concluye Borraz- es que, probablemente, no debía haber otro objeto: los pilotos habrían estado observando el planeta Venus".
La causa no reside en la escasa preparación técnica de estos testigos, sino en el hecho de que en el cielo es difícil cuantificar distancias y tamaños sin puntos de referencia; el propio movimiento de la aeronave (o del automóvil) puede dar la impresión de que es la luz la que hace movimientos extraños; y las condiciones atmosféricas puede distorsionar la imagen de nuestro planeta favorito, o de cualquier otra luz intrascendente en el cielo, entre otras muchas posibilidades.
Y por otro lado, los testigos se hallan inmersos en una cultura en la que, con altibajos, está vivo el mito de los ovnis, de las luces misteriosas en nuestros cielos. Esto es suficiente para que la percepción y el recuerdo se vean alterados y se interprete la experiencia de acuerdo con las creencias compartidas por la mayoría de los miembros de la sociedad. En ningún momento se sugiere que los pilotos de las líneas aéreas comerciales y de los Ejércitos del Aire sean más impresionables que el resto de los seres humanos o mentalmente inestables por no apercibirse de que lo que tienen a la vista no es más que una estrella o un planeta, estúpida falacia usada por los tergiversadores profesionales para desviar la atención de la realidad de estas confusiones.
Algunos de los episodios más destacados en España con pilotos de protagonista son:
Una de las últimas confusiones planetarias de nuestro país tuvo lugar el 23 de agosto de 1999, debida a una espectacular conjunción de Venus y Júpiter, observable nítidamente desde que se puso el Sol, pasadas las 20:30 de la tarde. Multitud de personas de varias provincias -Madrid, Huesca, Murcia, etc.- llamaron a Protección Civil informando de que podían ver "una cosa suspendida en el cielo que bajaba a gran velocidad"; otros se refirieron a la serie Expediente X y a "extraterrestres". El foco aparecía como una gran luz única, aunque con prismáticos podía descubrirse que eran dos muy cercanas, los citados planetas, aunque nadie -excepto los astrónomos y los interesados- se percató de la auténtica naturaleza de la potente luminaria.
Una interesante colección de relatos sobre ovnis originados en observaciones astronómicas es Ovnis: historias increíbles con explicaciones creíbles, Manuel Borraz (Stendek-2000, CEI, Barcelona, 1997).
La atmósfera es como una gran lente, pero que no es homogenea y además muy variable. Esto quiere decir que cualquier perturbación, aunque sea local, puede dar lugar a fenómenos llamativos: reflejos y espejismos son los más habituales, como fue el caso de los OVNIs de Campeche. Si observas el cielo, podrás también observar como las estrellas titilan, o parpadean, debido a las continuas perturbaciones de la atmósfera.
Fenómenos más llamativos ocurren cuando hay nubes en el cielo, acompañadas de un atardecer. Justo cuando el sol se oculta por el horizonte, la luz deja de llegarte a ti, en la superficie, pero sin embargo puede reflejarse en las nubes. Este fenómeno fue el causante de una serie de avistamientos en Canarias, debido al reflejo del sol en la estela de unos misiles lanzados durante unas maniobras.
Las nubes por sí mismas también pueden dar lugar a confusiones. Hay varios tipos y especies de nubes: cirrocúmulos ondulados, estratocúmulos lenticulares, cúmulos mamelonados,... Observa las fotografías de algunas nubes, o lee acerca de ellas en "Las nubes" (pdf)
En el siguiente artículo se explica la confusión que suele haber entre nubes lenticulares y "naves". Si accedes a uno de los enlaces que facilita el artículo, entrarás a una página con varias fotografías de nubes lenticulares, apreciando el parecido de algunas de éstas con la tradicional imagen de la "nave extraterrestre". En esa página hay algunas espectaculares, como esta. Esto vuelve a poner de manifiesto que el desconocimiento de nuestro cielo unido a las ganas de creer, da pie a muchos falsos positivos.
Otro tipo de fenómenos que puedes observar en la atmósfera:
Habitualmente, en la primera parte de la atmósfera (la troposfera) a mayor altura, la temperatura del aire disminuye. Sin embargo, puede darse la circunstancia de que a cierta altura exista una bolsa de aire caliente, de forma que la temperatura aumenta al ascender. A esto se le llama inversión térmica.
La temperatura influye en el índice de refracción del aire, de forma que disminuye al aumentar la temperatura. En estas circunstancias, un rayo de luz que asciende en cierto ángulo por la atmósfera, cuando pase de aire frío a aire caliente, sufre un fenómeno llamado refracción, deviando la trayectoria del rayo de la vertical, pudiendo incluso mandarlo de vuelta al suelo. Esta es la forma en que ocurren los espejismos y reflejos, y también los ecos falsos de los radares.
Los bólidos son meteoros o meteoroides, fenómenos luminosos observados en el cielo o captados en radar provocados por la fricción de materia interplanetaria con nuestra atmósfera. Dependiendo del tamaño de la partícula en cuestión pueden provocar efectos de distinta magnitud. Los meteoritos son los fragmentos de diverso tamaño que logran llegar a la superficie terrestre y que la ablación provocada por la atmósfera no consigue destruir en su totalidad. Entre los meteoros se encuentran las conocidas popularmente como estrellas fugaces, cuyo rastro ígneo puede ser muy espectacular en el cielo nocturno. Suelen pertenecer a lluvias meteóricas (lluvias de estrellas) anuales, causadas cuando la Tierra atraviesa en su desplazamiento por el espacio el rastro o corriente de polvo dejado por un cometa. Son muy populares, por ejemplo, las Perseidas, asociadas al cometa Swift-Tuttle 1862 III, que popularmente se conocen como "lágrimas de San Lorenzo", por ser el 10 y 11 de agosto los días en que mayor número de rastros se observan. En noviembre destacan las Leónidas, con un máximo cada 33 años alrededor del día 16, y en diciembre las Gemínidas y las Úrsidas, alrededor de los días 13 y 22, respectivamente. Sus nombres provienen del punto imaginario del espacio del cual parecen surgir (radiante meteórica), que suele coincidir con la zona en la que divisamos alguna constelación. Poseen diversos colores y velocidades. Una interesante página web sobre meteoros es http://comets.amsmeteors.org/ En ella hay información general sobre estos fenómenos, así como sobre el espectacular bólido observado a plena luz del día el 10 de agosto de 1972 desde el lago Jackson (Wyoming, EE.UU) entre otros lugares, y sobre las explicaciones que los nativos americanos daban a estas observaciones. Véase también http://www.meteoros.es.fm/.
Sin embargo, son los bólidos o "bolas de fuego", un tipo espectacular de estrella fugaz con una magnitud superior a -4 que puede estar asociado a alguna radiante o ser de tipo esporádico, los que con frecuencia han causado informes relacionados con visiones extrañas. No son más que el rastro luminoso que dejan los meteoros de gran tamaño, de duración y efecto mucho mayor que las estrellas fugaces. La duración de éstos suele ser alrededor de 10 a 25 segundos. Algunos pueden llegar a durar más de 1 minuto, e incluso ser vistos a plena luz del día. En numerosas ocasiones estos fenómenos astronómico-atmosféricos han sido tomados por ovnis o platillos volantes.
La observación de bólidos han dado origen a algunas de las discusiones más ridículas que han tenido lugar en los medios ufológicos españoles. Ciertos periodistas se han empecinado tratando de demostrar lo indemostrable: que triviales observaciones de estos eventos atmosféricos fueron en realidad fenómenos extraños que sobrevolaban nuestro cielos de manera inteligente. Algunos ejemplos son:
Si se desea adornar un fenómeno tan simple como éste hasta convertirlo en algo extraño, basta con traer a colación testimonios aislados que ofrecen descripciones muy dispares por la propia incapacidad de los testigos para relatar con objetividad su observación.
Una cuestión poco clara y sorprendente es la de la percepción de sonidos simultáneos a la observación del bólido, como se ha informado en ocasiones. Esto es imposible, puesto que la velocidad del sonido es de unos 333 m/sg frente a la muy superior de c. Para explicar estos sonidos "anómalos" existen algunas teorías, como la que plantea el efecto electrofónico. Bajo ciertas condiciones, los bólidos podrían producir ondas de radio que se convertirían en sonidos audibles al reflejarlas un objeto cercano al testigo. Tendría lugar simultáneamente a la observación de la bola de fuego. Véase: Global Electrophonic Fireball Survey y Anomalous Meteor Phenomena. Asimismo, los manuales de anomalías del astrónomo Willian R. Corliss y su Proyect Sourcebook cuentan con capítulos y casuística dedicada a estos fenómenos: http://www.knowledge.co.uk/frontiers/sourcebk.htm
Precisamente, cuanto mayor sea el número de testigos de un supuesto "fenómeno anómalo" u ovni más fácil será hallar una explicación racional. No existen episodios de observación de platillos volantes o extraterrestres en los que 500, 1.000 ó más personas coincidan sobre la naturaleza "paranormal" o alienígena de lo observado. No son un fraude ni hay motivo para negarlos irracionalmente; ocurre que carecen de extrañeza, aunque los testigos desconozcan la causa. Los casos más extraños suelen tener como protagonista a un solo testigo, a lo sumo dos o tres. Esto arroja fuertes sospechas sobre la naturaleza de lo observado y lleva a pensar que se trató de un suceso trivial o natural malinterpretado por el testigo. Los fenómenos observados por centenares o miles de personas simultáneamente son debidos a estímulos astronómicos (planeta Venus, la Luna, etc.), grandes bólidos (ver pregunta 14), reentrada de chatarra espacial o lanzamiento de misiles (ver sección 4 en el apartado "Casos famosos"). Veamos brevemente las causas debidas a ingenios aeronáuticos.
La reentrada de chatarra espacial (restos de etapas de cohetes impulsores de satélites artificiales) se vuelve incandescente por la fricción con la atmósfera y origina grandes espectáculos luminosos. La gran altura a la que se produce el rozamiento atmosférico de los restos metálicos posibilita que sea observado desde un radio de centenares o miles de kilómetros simultáneamente como una especie de "estrellas fugaces" artificiales. También desde aviones en vuelo se ha podido observar estos fenómenos. En nuestro país destacan las siguientes observaciones.
El 5 de noviembre de 1990, en torno a las 19:00 horas, fue observado en gran parte de Europa, desde Portugal a Polonia, un objeto luminoso que cruzó el cielo velozmente a gran altura. En España fue contemplado especialmente desde el norte peninsular. La NASA aportó la solución final: en el número de 26-11-1990 del Spacewarn Bulletin, publicación de la World Warning Agency for Satellites, una agencia gubernamental de los EEUU, consta que el día en cuestión había decaído (por el término inglés decay, que hace referencia a la caída o reentrada en la atmósfera terrestre) el cohete impulsor Protón, lanzado el día anterior, que había puesto en órbita la plataforma soviética Gorizont 21, un pesado objeto de 10 metros de longitud que, ya inservible, se precipitó sobre tierra atravesando la atmósfera y produciendo el espectacular fenómeno luminoso.
Otra destacada observación de estas características tuvo lugar en la costa oriental de la Península Ibérica, con gran cantidad de testimonios en Cataluña, la madrugada (02:15 horas) del 31 de marzo de 1993. Hubo testigos también en el sur de Gran Bretaña y Francia. La gran mayoría describió una formación de luces que se desplazaban en línea recta y paralelamente. Un vuelo civil que cubría la ruta Madrid-Barcelona divisó una serie de objetos luminosos "a unos 70 kilómetros al sur de su destino", valoración que peca por defecto y que demuestra que el nivel de fiabilidad de los pilotos de aeronaves es muy similar al de otras personas. Se debió a la reentrada de un cohete Cyclone, impulsor del satélite Cosmos 2238, que había sido puesto en órbita un día antes desde la Comunidad de Estados Independientes (CEI).
La noche del 27 de noviembre de 1999, alrededor de las 22:30 horas, el cohete chino Larga Marcha sobrevoló las capas altas de la atmósfera, siendo divisado desde la costa levantina, Baleares, Aragón, Andalucía y las islas italianas. El cohete había cumplido su función, que no era otra que poner en órbita un prototipo chino de lanzadera espacial denominada Shenzhou. Desde Teruel fue descrito como "seis luces de un blanco azulado desplazándose en formación de diamante", pero fue desde las Islas Baleares desde donde pudo ser contemplado de manera más nítida. Decenas de testigos informaron del paso de brillantes luces rojizas y blancas de oeste a este que dejaban cortas estelas, producto de la fragmentación de una luz mayor. Véase http://www.spmn.uji.es/ESP/articulo/shenzhou.pdf y "27 de noviembre de 1999: ¿la última reentrada del milenio?", V. J. Ballester Olmos y M. Morey. En @nomalía, 2, 1ª época, Fundación Anomalía, diciembre 2000.
En cuanto a los efectos en la alta atmósfera de lanzamientos de misiles, son abundantes las ocasiones en que han sido interpretados como algo extraño. Se han divisado desde diversos lugares, como Rusia (el fenómeno en forma de medusa de Petrozavodsk, causado por el lanzamiento del cohete impulsor del satélite Cosmos-955 desde el cosmódromo ruso de Plesetsk el 20 de septiembre de 1977), Estados Unidos (lanzamientos desde la base californiana de Vandemberg), Argentina y Chile (puesta en órbita de los satélites rusos Molniya, también desde Plesetsk, en los años 70 y 80), China, Italia, etc. En España fuimos testigos desde los años 60 de cierto número de acontecimientos similares.
Todas estas observaciones, a pesar de que las descripciones que los numerosos testigos proporcionaron no son idénticas, poseen rasgos comunes. Se trató de estelas zigzagueantes de las que a continuación surgían grandes globos en expansión, iluminado todo ello por la luz solar. El enrarecimiento de la atmósfera a decenas de kilómetros de altura provoca la enorme dilatación de los gases expulsados como consecuencia de la quema de combustible y la separación de etapas, efectos en ocasiones buscados premeditadamente para el estudio de la dinámica de las capas altas de la atmósfera. Comienzan a observarse en horas crepusculares, desarrollándose la fase más espectacular -expansión de grandes globos gaseosos- cuando ya es de noche a ras de Tierra (o todavía no ha amanecido), pero en las capas altas de la atmósfera un objeto o fenómeno gaseoso puede ser iluminado por la luz solar, originando trazos y destellos luminosos de sorprendente espectacularidad. Por tratarse de sucesos artificiales de larga duración existen numerosas series de fotografías en las que quedó recogida la evolución de estos efectos. Veamos un par de ejemplos como muestra.
El 23 de febrero de 1971 todo el nordeste español pudo contemplar sobre las 19:00 horas una especie de esfera o círculo luminoso del que se desprendió una ráfaga o estela de luz blanco-azulada muy brillante; fue divisado también por un avión en ruta Niza-Madrid. Se trató de un cohete Tibere, lanzado desde el Centro de Las Landes. Asimismo, el 12 de junio de 1974, pudo observarse desde Barcelona, alrededor de las 22:00 horas, las extrañas estelas emitidas por un misil estratégico mar-tierra lanzado por la Armada francesa.
Otro destacado episodio fue el ocurrido el 21 de marzo de 1989, observado desde todo el noreste español y el Mediterráneo occidental. Fue descrito como un cuerpo puntual que se desplazaba velozmente en vertical y en silencio, al tiempo que desprendía una impresionante luz plateada. Ascendía "de algún lugar cercano a los Pirineos" emitiendo chorros de gas y, tras dar la impresión de permanecer estático durante algunos segundos (como en otros sucesos similares), salió disparado a "velocidad increíble" según algunos testimonios, perdiéndose en el espacio en pocos segundos. El objeto dejó una nube fosforescente que se mantuvo en la atmósfera cerca de media hora hasta que se desvaneció. La solución la proporcionó el Ministerio de Defensa francés, a través del cual pudo saberse que fue disparado un misil balístico S-3 tierra-tierra desde el citado Centro francés de ensayos de Las Landes. Pueden verse algunas instantáneas de estos espectaculares fenómenos en http://www.webshots.com/g/33/624-sh/24665.html, http://www.darkskyimages.com/wstrail.htm y http://www.freqofnature.com/photos/mmiii/index.html.
Los pilotos, como cualquier científico, y como cualquier persona normal y corriente, tienen unos sentidos que les pueden engañar. Y no es lo mismo encontrarse por sorpresa con un fenómeno no esperado, que pensar tranquilamente sobre él una vez conocidos los detalles. Sobre todo si tienes que tomar decisiones rápidas como los pilotos en los aviones.
Pero date cuenta que tu argumento tiene una trampa: un piloto es un profesional y sabe lo que hace, que está acostumbrado a viajar por encima de las nubes, de noche, con el cielo estrellado. Y un científico es un profesional que está acostumbrado a estudiar fenómenos que ocurren en la naturaleza, incluidos los que ocurren en la atmósfera. ¿Por qué hay que creer antes el testimonio de un piloto, que el razonamiento de un científico? ¿Existen acaso profesionales con más credibilidad que otros?
Esto no quita que un científico si estuviera en el lugar del piloto, también pueda confundir un planeta con un OVNI y darle una interpretación errónea. Pero si hay que comparar un testimonio de una persona sorprendida, con el razonamiento pausado de otra persona, no hay razón para dar preferencia al primero sobre el segundo.
Por otra parte, no hay que olvidar que en el cielo es muy difícil calcular distancias. Cuando vemos un objeto podemos hacernos una idea de la distancia a la que se encuentra a partir de su tamaño aparente (si conocemos el objeto) o a partir del tamaño aparente de otros objetos conocidos que haya en su entorno. Sin embargo, una luz en el cielo no nos permite por sí sola hacernos una idea de su tamaño real, y tampoco tiene otros objetos próximos a partir de los cuales podamos calcular su distancia y sus dimensiones.
Un piloto está acostumbrado a observar otros aviones en vuelo y a juzgar su distancia por su tamaño aparente, ya que conoce su tamaño real. Eso puede llevarle a hacer mentalmente el mismo cálculo al ver una luz desconocida, y creer que está viendo un objeto de dimensiones parecidas a un avión y, por tanto, cercano, cuando en realidad es una estrella o un planeta muy alejados.
Además, cuando vemos un objeto desde un avión (o desde cualquier otro vehículo en movimiento), al desplazarnos cambia nuestro punto de vista respecto a él. Sin embargo, los planetas y las estrellas se encuentran tan alejados que no podemos apreciar ese "movimiento aparente". Este problema, junto con el anterior, puede hacer que creamos que estamos viendo un objeto más o menos pequeño y próximo que nos acompaña (o sea, un ovni), cuando realmente vemos un objeto muy lejano e inmóvil en el cielo (un planeta).
Por último, hay que recordar otra cuestión muy importante: los pilotos están acostumbrados a viajar sobre las nubes y bajo el cielo estrellado, y por tanto están acostumbrados a contemplar las estrellas y las constelaciones. Sin embargo, los planetas poseen un movimiento aparente muy distinto al resto del cielo. Una persona acostumbrada a contemplar el cielo nocturno puede reconocer con toda facilidad Sirio, Vega o Arturo, pero Venus, Marte o Júpiter no aparecen todas las noches en el mismo punto del cielo. De modo que puede ocurrir, por ejemplo, que una noche veamos que en Virgo hay una luz intensa que no se corresponde con ninguna de las estrellas que estamos acostumbrados a ver en esa constelación, y que pensemos que se trata de un ovni en lugar de suponer que puede tratarse de Júpiter.
Hasta donde sabemos, las leyes de física que hemos descubierto son válidas hasta los confines del universo. Las leyes de física no son más que una forma de describir unos fenómenos que observamos, y no tienen por qué ser la única.
Es decir, un supuesto extraterrestre que usara otra física, usaría una descripción distinta a la nuestra, pero sus resultados finales serían siempre iguales a los nuestros. Esto quiere decir, que si un extraterrestre viene en una nave espacial, esta tendrá una masa, y la Tierra ejercerá una fuerza de atracción sobre ella. Descríbelo como quieras, pero al final esa fuerza actúa de esa forma. Y si la quiere contrarrestar para poder flotar en el aire, es necesario que la nave consuma energía para generar una fuerza de ascensión. Si además quiere desplazarse por el aire a velocidad, tendrán sus propias descripciones de la aerodinámica, pero si no cumplen una serie de condiciones, se estrellan.Y si quieren realizar giros imposibles, su nave, hecha con materiales de átomos que conocemos, aleados en materiales conocidos o desconocidos, también está sometida a unas leyes que determinan hasta qué punto puede aguantar esos giros sin despedazarse.
Podrán usar otra descripción, pero la naturaleza es igual para todos.
Sí, en julio del año 1969. Sin embargo, hay gente que no se lo cree, no se lo quiere creer o no le interesa créerselo, y ponen multitud de pegas para tratar de "justificar" que todo fue un montaje.
Circulan por Internet una serie de fotografías que tratan de argumentar este fraude. En la siguiente página, elaborada por Jesús Cancillo, desmonta pacientemente los supuestos argumentos para cada una de las fotografías:
Artículo de Jesús Cancillo: El hombre sí ha estado en la Luna
Análisis de cada una de las fotografías:
Fotografía 1
Fotografía 2
Fotografía 3
Fotografía 4
Fotografía 5
Fotografía 6
Fotografía 7
Fotografía 8
Otro artículo en "The Girl in black": "35 años y aquí abajo la gente sigue en la luna".
Una falsa historia de contactismo, en que los extraterrestres, procedentes del planeta Ummo, se comunicaban por cartas con un grupo de personas, facilitando datos científicos y técnicos tanto de su planeta como de física y la tecnología que usaron para llegar a la Tierra. Más tarde Jose Luis Jordán Peña reconoció haber montado el fraude, con la excusa de realizar un experimento sociológico.
Muy recomendable, leer la historia de Ummo, el planeta de los corresponsales anónimos (en pdf)
Fue un proyecto llevado a cabo a finales de los 70 (concretamente, en las navidades de 1978 a 1979), cuyo objetivo fue demostrar que era posible fabricar artificialmente una oleada OVNI, gracias al sensacionalismo acrítico de los periódicos, y estudiar la percepción de la gente ante el avistamiento de un falso OVNI.
Para conocer los resultados, lee aquí "IVAN: Historia de un proyecto", y aquí también: Proyecto IVAN (I) y (II)
Un caso que llegó hasta el Congreso de los Diputados en forma de pregunta al Gobierno, debido al aterrizaje forzoso de un avión comercial en el aerpuerto de Manises (Valencia) el 11 de Noviembre de 1979, ante la posibilidad de colisión con unas luces que el piloto observó desde la cabina. Posteriormente se ha comprobado que estas luces eran reflejos de las llamaradas de una refinería.
Minutos después del aterrizaje forzoso, salía un caza para intentar identificar luces que llamaron la atención del personal en tierra. Durante la misión, diversos instrumentos del caza no funcionaron correctamente, debido a las contramedidas electrónicas de un buque americano atracado en Valencia, mientras que las luces que perseguía resultaron ser estrellas que esa noche brillaban más de lo habitual.
Para más información, "La Fundación Anomalía resuelve el caso Manises" y otros artículos relacionados
Responden a una serie de espectaculares avistamientos desde las islas, repartidas entre los años 74 a 79. Del avistamiento del 26 de Junio de 1976 hay que destacar el testimonio de una persona, que lejos de ver una luz en el horizonte al igual que miles de personas, creyó ver una esfera luminosa muy cercana, con seres de tres metros en su interior.
El ejército del aire investigó algunos de ellos, llegando a la hipótesis de que se trataba de algún tipo de misil balístico, hipótesis que con los años se demostró correcta, gracias una vez más al trabajo de la Fundación Anomalía, y muy a pesar de los ufólogos investigadores de campo.
Es con diferencia el caso más famoso de la ufología. El 2 de Julio de 1947 algo se estrelló en Roswell (Nuevo México, EE.UU.). La Fuerza Aérea rápidamente se trasladó para recoger ese algo, difundiendo primero la recuperación de un platillo volante, y desmintiéndolo más tarde e identificando los restos como un globo meteorológico. Es 30 años después cuando los ufólogos comienzan a llegar al lugar, preguntando y localizando testigos, con relatos incompatibles entre sí. Sin embargo, lo que ha más repercusión tuvo, fue la aparación de un video de una supuesta autopsia de un supuesto alienígena, que al cabo de un año se demostró como un fraude.
Peridista navarro, precursor de las investigaciones de campo con chaleco multibolsillos, quien se ha labrado su fama de investigador ufológico a base de recorrer kilómetros sin llegar nunca a descubrir nada, y plagiando gran cantidad de libros de otros autores. Entre sus mayores éxitos, está "El caso del portentoso sapo extraterrestre" (La Alternativa Racional, Nº9 , Pag 5) , tragarse el proyecto Ivan, la realización de la serie de indocumentados documentales "Planeta encantado" (cuya disección puedes leer en Magonia), y perpetrar los libros de "Caballo de Troya". Te recomendamos leer más acerca de sus hazañas.
La fama de este suizo proviene de su difusión de la idea de que la humanidad fue visitada por extraterrestres en la antigüedad, siendo confundidos con los dioses que en su día se veneraron, y los que actualmente se veneran. Es otro experto plagiador, ya que la idea original ni siquiera fue suya. Más información acerca de este personaje.
Periodista mexicano especializado en OVNIs desde hace más de una década. Un episodio memorable fue el de la Esfera Victoria, la cual afirmó provenía de un aparato extraterrestre, cuando en realidad formaba parte de un cohete espacial ruso. Si quieres conocer más Maussanadas, pincha.
Periodista vitoriano que a la tierna edad de 10 u 11 años decidió hacerse ufólogo, tras leer unos libros de su abuelo, y que en un periódico aparecieran unos típicos titulares sensacionalistas. Actualmente, presenta el programa Milenio 3 de la Cadena Ser, donde repite los mismos misterios de siempre. También se caracteriza por atacar a los "científicos negativistas de bata blanca", pero no duda en acudir a universidades para emitir su programa de ciencia de vanguardia, ni en solicitar la ayuda de planetarios cuando convoca alertas OVNI, disfrazadas de observación del cielo. Si bien Benitez, Maussan o Däniken se caracterizan por ser claros en sus afirmaciones, Jiménez juega con una falsa ambigüedad ("Yo no me lo creo, pero vaya, esto es alucinante", "Nosotros sólo informamos") que le hace posible a veces recular antes de estrellarse, y parecer más creíble a gente que quiere creer tanto en OVNIs como en fenómenos paranormales.
Datos, datos, datos. A continuación tienes una selección de contenidos críticos con la ufología.
Fundación Anomalía
OVNIS a mogollón
Valientes platillos
(web humorística que realiza una crítica ácida).
Y más que iremos poniendo. Esta página está en permanente ampliación, no te olvides de visitarnos periódicamente.